Si es solamente una vez, no es considerado causa suficiente de despido. Así lo ha dictaminado el TSJM en una sentencia reciente sobre un trabajador que respondió a su jefa «A ver si te atreves, gilipollas!.

El Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) ha determinado que insultar al jefe llamándole «gilipollas» una sola vez no es motivo suficiente para finalizar el contrato de trabajo. El texto aclara que, aunque el insulto es definitivamente un agravio verbal, en el incidente que se examina, este fue un acto único que sucedió en un contexto específico: después de que se le advirtiera al trabajador que no debía irse tras concluir su turno, él se fue precipitadamente por razones personales. Este incidente, al ser aislado y no extremadamente serio, no justifica el despido, siendo posible para la empresa aplicar una sanción menos severa.

La Sala de lo Social del TSJM, en la sentencia 57/2024 de 26 de enero, confirmó esta postura al rechazar el recurso de una empresa contra la decisión del Juzgado de lo Social número 31 de Madrid, que en septiembre de 2023 había declarado improcedente el despido del trabajador, obligando a la empresa a elegir entre reincorporarlo o compensarlo económicamente. El trabajador, un auxiliar de fábrica en Ahumados Nordfish desde julio de 2008, había sido despedido por comentarios ofensivos hacia la dirección. Sin embargo, el incidente, que incluyó un portazo al irse, fue juzgado como un insulto puntual y no suficientemente grave para un despido.

A pesar de que la empresa alegaba que el insulto fue en presencia de otros trabajadores y que el trabajador tenía previas sanciones, el TSJM sostuvo que estos factores no incrementaban la gravedad del caso hasta el punto de justificar un despido. Además, la defensa de la empresa de que el trabajador desafió públicamente la autoridad al decir «¡a ver si te atreves, gilipollas!», fue interpretado en el contexto de la situación específica y no como una amenaza real.

En última instancia, el fallo subraya que el despido es la medida más extrema y que generalmente un solo insulto, especialmente teniendo en cuenta el contexto, no es suficiente para justificar tal decisión. Esto refleja una perspectiva que considera necesario evaluar más opciones disciplinarias antes de proceder con la terminación del empleo.

 

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